sábado, 23 de noviembre de 2013

Abajo la subida del IBI



Desde 2008, cientos de miles de ciudadanos han visto como crecía su recibo del IBI, con subidas que en muchos casos alcanzan el 60% y llegaron a superar el 100%. La actualización de los valores catastrales, la subida de los tipos impositivos, el aumento de recargos y la eliminación de bonificaciones, unida al incremento extraordinario aplicado por el Gobierno en 2012 y 2013 están detrás de esta subida.
Desde OCU decimos basta, y pedimos el apoyo ciudadano para frenar la subida del IBI y lograr un impuesto más justo y equitativo.
Súmate a la campaña Abajo la subida del IBI. Con tu apoyo, pediremos:
  • Al Gobierno central, que no se prorrogue la subida extraordinaria del IBI en 2014.
  • A los ayuntamientos y a la Dirección General del Catastro, que se respete la ley y no se admitan valores catastrales que superen el límite legal del 50% del valor de mercado.
  • A los ayuntamientos, que las subidas del valor catastral sean compensadas en 2014 con otras medidas, como la reducción del tipo impositivo, bonificaciones y subvenciones para colectivos desfavorecidos.
  • A todas las administraciones, que se revise un sistema impositivo injusto que permite subidas indiscriminadas del 30, 40 o 60%.
Tú decides: juntos podemos lograrlo.

domingo, 3 de noviembre de 2013

¿La alta literatura es gimnasia para el cerebro?



Reproduzco un artículo de Javier Sampedro para la edición digital de El País, su lectura me ha sorprendido dada la base científica que lo sustenta:

La alta literatura es gimnasia para el cerebro.
La escritura literaria estimula las áreas cerebrales implicadas en la emoción social y la empatía
Javier Sampedro

El trabajo que Science publica este jueves hace diana en el epicentro de la más profunda cuestión en la estética literaria. ¿Por qué El código Da Vinci de Dan Brown puntúa menos que El americano impasible de Graham Greene en ese concurso para ascender al parnaso? ¿En qué sentido es Arturo Pérez Reverte menos literario que Javier Marías? ¿Por qué discutieron Carlos Ruiz Zafón y Antonio Muñoz Molina? Pues bien, he aquí una respuesta: mirad al cerebro. Leer ficción literaria recluta las áreas cerebrales implicadas en la emoción social: las que distinguen una sonrisa sincera de una falsa, detectan si alguien se siente incómodo o evalúan las necesidades emocionales de familiares y amigos. La ficción popular (como las novelas de espías o de amor y lujo) no lo hace, y la estantería de no ficción tampoco lo consigue.
 
Foto de Marilyn Monroe tomada por Eve Arnol en 1854.
Las lecturas literarias también son únicas en que estimulan la teoría de la mente, la facultad de ponerse en la piel del otro. La razón, según publican en Science los científicos de la Nueva Escuela de Investigación Social en Nueva York, es que la alta literatura nos obliga a expandir nuestro conocimiento de las vidas de otros, y a percibir el mundo desde varios puntos de vista simultáneos.
Los resultados de los científicos de Nueva York ofrecen, seguramente por primera vez en la historia de la crítica literaria, un criterio objetivo para cuantificar “el valor de las artes y la literatura”, como dice su institución. La Nueva Escuela de Investigación Social se fundó en 1919 con el espíritu de promover la libertad académica, la tolerancia y la experimentación. Publicar una investigación en Science es seguramente una culminación de ese programa. Su trabajo muestra que “leer ficción literaria estimula un conjunto de capacidades y procesos de pensamiento fundamentales para las relaciones sociales complejas, y para las sociedades funcionales”.
El psicólogo Emanuele Castano y su estudiante de doctorado David Comer Kidd han consultado a críticos e historiadores de la literatura para dividir el espectro continuo y diverso de la expresión literaria en solo tres categorías: ficción literaria, ficción popular y no-ficción.
Los voluntarios —siempre los hay en las investigaciones de psicología experimental, y suelen ser estudiantes de psicología sedientos de créditos— leyeron textos de esos tres géneros y se sometieron a todo tipo de mediciones perpetradas por Kidd y Castano. Los psicólogos estaban interesados sobre todo en su teoría de la mente, la habilidad de adivinar los pensamientos de otros, sus intenciones y emociones más ocultas. Este ejercicio de adivinación es algo que todos practicamos continuamente, de un modo más o menos consciente, pero unas personas lo hacen mejor que otras.
Una de estas pruebas es leer la mente en los ojos. Los participantes miran a fotografías de actores en blanco y negro y tienen que adivinar la emoción que están expresando. ¿Fácil? Pues seguro que hay alguien que lo hace mejor que usted. Otra prueba se llama el test de Yoni, y trata de medir a la vez las habilidades de percepción cognitiva y emocional de los voluntarios. “Hemos usado diversas medidas de la teoría de la mente”, dicen Kidd y Castano, “para asegurarnos de que los efectos que vemos no son específicos de un tipo de medida, y acumular evidencias convergentes para nuestra hipótesis”.
En los cinco tipos de experimento, los psicólogos de Nueva York han comprobado que los voluntarios que fueron asignados (al azar) a leer los textos más literarios puntuaron más alto en las medidas de la teoría de la mente que los que leyeron ficción popular o ensayo. Estos dos últimos géneros, por cierto, puntuaron igual de mal en esas pruebas.
“A diferencia de la ficción popular”, concluyen los autores, “la ficción literaria requiere una implicación intelectual y un pensamiento creativo de sus lectores”. Así que ya lo saben: lean bien, queridos lectores.
Javier Sampedro




Al igual que a Anthony Burguess, la imperfección de la belleza humana me inspira más que la perfección de obras literarias tan insulsas como naranjas mecánicas.

Nino Ortea.