martes, 4 de junio de 2013

Caprichos del destino.



El otro día, por casualidad, un amigo me comentó que su madre había leído uno de mis cuentos fantasmales. Lo de “fantasmales” adjetiva su temática, no su autoría o existencia. El caso es que, casualmente, la señora se había encontrado el borrador de uno de mis relatos y lo leyó de principio a fin, parece ser que le gustó: le pareció una historia ingeniosa y divertida –filius dixit–.
Un acto fortuito, sacado a la luz de manera aleatoria, se convirtió en transcendental, ya que me ha animado a persistir en esta necesidad de escribir.

Todos somos víctimas y beneficiarios de las casualidades. Empezando por Fleming –y la penicilina– y acabando por mi rellano –y mi vecina–, nuestros encuentros y desencuentros bailan al compás de la música del azar.
Nos rebelamos ante la certeza de la realidad de saber que nuestra vida puede cambiar en un segundo. En nuestra guerra contra el determinismo, nos fortificamos tras los muros del querer es poder. Y no cabe duda de que la voluntad cimienta muchas murallas en su presencia, al igual que las desmorona su ausencia. Y es innegable que cuando la voluntad pasa de las palabras a los hechos puede dar comienzo una era de prodigios o, al menos, una sucesión de momentos en los que nos maravilla la capacidad de la determinación para convertirse en tonelaje de superación o en excelencia.
Nuestras sociedades se articulan sobre la quimera de que la voluntad es capaz de doblegar a la realidad; en un pulso en el que no cuentan las veces que lo intentes, sino cómo lo cuentes. Y como la Historia siempre la cuentan los poderosos, a los humildes sólo nos queda el consuelo de que todo esfuerzo tendrá su recompensa: ya en forma de ascenso social en la vida terrenal, ya en confort espiritual en el plano místico. Todo dentro de un orden y a su debido momento.
 
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Pero somos hijos de El Caos. El desorden y los impulsos foguean nuestros instintos y explican nuestras gestas. Nuestros actos, por muy sopesados y voluntarios que sean, van asociados al capricho de lo impredecible; al que podemos llamar Suerte, Destino o Deus ex machina. Esa valentía de afrontar la locura o para enfrentarnos a lo imposible, explica nuestro llegar a La Luna o el superar enfermedades para sorpresa de los maestros que tiene la Ciencia.
Llevado a lo cotidiano, uno no decide sonreír en momentos en que se supone que debería estar triste, simplemente no puede evitar corresponder con una sonrisa a una muestra de afecto. Uno no elige de quien se enamora, por mucho que el cerebro intente hablarle al corazón en un idioma que no entiende.
Lo ilógico de nuestros actos nos hace grandes, incluso en las pequeñas cosas. Actos tan sencillos como el que una madre se interese por algo que ha escrito un amigo de su hijo, sólo los explica el amor; ¿y acaso existe algo más inexplicable y maravilloso que el amor?

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No faltan quienes aseguran que todas las cosas tienen un porqué, no es por casualidad que hoy no soy uno de ellos.

Nino Ortea.

6 comentarios:

  1. Genial, me ha encantado esta entrada. Describes muy bien y en su medida justa cómo la voluntad tiene fuerza pero sin olvidar lo fortuito de la vida. Dos cosas que parecen contradictorias pero son simplemente dos caras de una misma realidad, como tantas otras.

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    1. Muchas gracias, ingeniosa Lourdes, por tu comentario. Pues sí, el contraste ente "Pathos" y "Logos" da lugar a muchas epopeyas y a demasiadas tragedias. No ´se porqué, pero a mí me suele gustar la parte época de este contrate, y la suelo asociar a los sentimientos.

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  2. ¡Lo que hubiese dado por ver a la cara de la buena señora devorando tu prosa fantasmal! ;-)

    Gran post, compadre, me ha gustado mucho.
    Se echaban de menos tus reflexiones blogueriles.

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    1. Muy buenas, José: más daría yo por poder agredecerle a la señora su tiempo de lectura.
      Gracias por tus palabras de aprecio y cariño, compai.

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  3. Si espolvoreo el porqué de las sucesos con un poco de magia, la respuesta lleva sobre una base de voluntad, ingredientes que aún sin lógica o explicación, empujan el sabor del proyecto hacia lo efectivo y perceptible del sentido del gusto.
    Si en vez de magia lo riego con ciencia, me dejo llevar hasta la solución sin haber podido entender la incógnita de las casualidades.
    Y si pienso lo que no quiero, me sale la predestinación a flor de libertad y me pica la duda del albedrío.
    En fin, la vida que tiene esas cosas ...
    ( Pero bienvenido cualquier empujón por aleatorio que fuese )

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    1. Ya ves, Juncal, tú recurres a la Mágia y al Arte y yo voy a recurrir a la magia del noveno arte.
      En situaciones de conflicto entre predestinación y libre albedrío, siempre me acuerdo del Amazing Spider-Man número 33, donde Stan Lee y Steve ditko me demostraron que el mayor superpoder es el cariño, y que cuando el mundo se nos cae encima, el amor nos hará levantarnos.
      Gracias nada aleatorias, Juncal.

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