viernes, 20 de enero de 2012

Colorín colorado 1/2

Al igual que Los Power Rangers se distinguen por vestir de colores diferentes –asociados a poderes diferentes–, El Cuarto Poder presenta una parcelación cromática, en la que lo impreso en blanco y negro es un producto serio y lo publicado a color es un producto en serie.



Pero las cosas han cambiado. Todos sabemos que cada temporada hay un color de moda. Si apenas hace un año en España se traía el rojo pálido, ahora domina el azul centrado. En el negocio de La Prensa, también se han mudado los modismos. Los periódicos se han barnizado de color, en un intento de mantener su peso social. 
Aunque han fracasado cual desfile de bañadores y bikinis en Laponia. Ahora se visten a diario como folletos de cupones descuento para un dvd, una impresora o un juego de cocina. Y. de domingo, se cubren de rosa y oropel, para ofrecer a sus lectores un auténtico fondo de armario, con el que llenar sus mesas de suplementos, separatas, semanales y dominicales.
De manera que quienes se cruzan contigo, a la vuelta de tu compra en el quiosco, no te ven como un distinguido lector de opinión; sino como un acumulador de papel quizá víctima del síndrome de Diógenes.

Por el contrario, los semanarios de sociedad han ido alcanzando más poder –que no prestigio– social. Muestra de ello es que los diarios ya no son serios, pues incluyen noticias del mundo del colorín en sus páginas a cuatricromía. Y muchos de ellos –en su popurrí de fin de semana– regalan a sus lectores alguna publicación centrada en un mundo del corazón sin trasplantes pero con desplantes.
El poder de estas revistas –cuya lectura, cada semana, nos dice ¡hola! para dejarnos, de pronto, pasados diez minutos– es tal que quizá no quiten ni pongan reinas; pero sí que ayudan a sus señoras.
 

Ahora que vivimos tiempos difíciles, fijémonos en tiempos recientes en los que hemos asistido a coronaciones de gentiles –encumbradas por el gentío–, a quienes no ha sido su sangre azul –sino la tinta rosa– la que las ha convertido en princesas de bocas de fresas.

Para otro momento dejo mi reflexión sobre esa fuerza de la naturaleza mutada en “La princesa del pueblo” merced a saber aprovechar un ratito de gloria torera. Su constante desvelar sus desvelos hacen de ella la nueva “María Magdalena” de estos entretiempos preocupantes.
Ahora, me centraré –llevado por el partidismo popular por el azul– en “La princesa del cuento”. Y lo de “cuento” no es porque viva de él, no, ella es tan trabajadora como el que más de su familia política. Viene a cuento de que así fue como definió el cineasta Woody Allen a la capital del principado que le da a ella título y boato.


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